martes, 8 de julio de 2014

Alba L. Carballo

La lista de seleccionados fue el primer regalo para nuestros ojos. El primero de muchos, de muchas imágenes que hemos ido captando y guardando en lo que será el baúl de nuestros recuerdos. 

Momentos compartidos, momentos personales, que configuran lo que es y aún sigue siendo nuestra estancia más allá del océano. No sabíamos lo que nos depararía esta temporada, ni cómo serían las personas con las que conviviríamos a diario, ni si quiera cómo seríamos nosotros como grupo. La ilusiones juegan con nuestra mente como un niño con un globo que deja escapar, "un mes" se entiende como una unidad cerrada, en la que el margen de tiempo que incluye es muy amplio, y donde nada es conocido, ¿quién puede decir que conoce el tiempo?

Sin embargo, a medida que iban pasando los días, la unidad para medir pasaba a ser la "semana", "cuatro semanas", expresión que se hace más familiar y en la que parece que el margen de tiempo se reduce a cuatro pequeñas unidades simbólicas de nuestro día a día y nuestra rutina. 

Empezamos a llevar un día a día en el nuevo lugar, una rutina, con perdón por la expresión (o sin perdón), para nada rutinaria. Las caras nos resultaban familiares, conocidas, y las sonrisas eran la etiqueta de los primeros días para reconocernos y dar el golpe de atención. Poco a poco el grupo se fue ampliando, y nuestros lazos se estrecharon ya no solo con estudiantes españoles. De manera cautelosa pero significativa un pedacito de casi cada rincón del mundo fue introduciéndose en nuestros corazones, permitiéndonos conocer a gente de la que guardaremos recuerdo. 

Sin embargo, no es solo nuestro corazón el que tendrá un pedacito dedicado a tantas personas y a este lugar, sino que en cada rincón de Toronto, y cada gota que se precipite por las Niágara tendrá algo de nuestra esencia. Algunos tenían más experiencia en este tipo de aventura, para otros, en cambio, era la primera vez, el desconocimiento y el buen miedo reinan e invaden tu mente, no sabes cómo te vas a sentir en el grupo con el que viajas, ni cómo te adaptarás al ambiente del lugar. Es un "no saber" que te enriquece por dentro y te hace seguir conformándote como persona. Quien dice que "llegar a saber" como pasó al pobre Edipo, es el mayor de los males, el mayor de los páthos, no puede ser entendido como portador de una máxima. Para nosotros ese "no saber" nos ha ido ayudando a disfrutar al máximo esta experiencia, si bien ese "no saber" es la principal condición para "llegar a saber" más, para conocer. 

Puede que hable desde la voz que hay en mi interior, y me lance sin un borrador y sin un esquema, me siento sangrando tinta de sentimiento. Pero ahora mismo solo quiero decir lo que siento, y lo he sentido, no redactar bajo un flexo. 

Simplemente, considero que estas experiencias van más allá de conocer un lugar nuevo y a nuevas personas, y que lo más importante, es que nos estamos conociendo mejor a nosotros mismos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario